cristo coro

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domingo, 19 de junio de 2016

Misericordiosos como el Padre: Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)

Cuanto más profundamente esté el alma unida a Dios, cuanto más enteramente se haya entregado a su gracia, tanto más fuerte será su influencia en la configuración de la Iglesia. Y viceversa, cuanto más profundamente esté sumergida una época en la noche del pecado y en la lejanía de Dios, tanto más necesita de almas que estén íntimamente unidas a Él. Aun en estas situaciones, Dios no permite que falten tales almas. En la noche más oscura surgen los grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece, en gran parte, invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que sólo experimentaremos en el día en que todo lo oculto será revelado.
Hoy vivimos de nuevo en una época que necesita con urgencia de la renovación que surge de las fuentes escondidas de las almas unidas con Dios. Hay mucha gente que tiene puestas sus últimas esperanzas en estas escondidas fuentes de la salvación. Esta es una amonestación muy seria: a nosotras se nos exige una entrega sin reservas al Señor que nos ha llamado, para que pueda ser renovada la faz de la tierra. En total confianza debemos abandonar nuestra alma a las inspiraciones del Espíritu Santo. No es necesario que experimentemos la epifanía de nuestra vida. Podemos vivir en la certeza de fe de que lo que el Espíritu de Dios obra escondidamente en nosotros, produce sus frutos para el Reino de Dios. Nosotros los veremos en la eternidad.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Vida escondida y epifanía.