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16 enero 2017

Beato Mª-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967): Al soplo del Espíritu



Os invito a hacer un acto de fe en este Espíritu Santo que está en nuestras almas. El Espíritu Santo no es una idea, o una realidad que vive en las regiones superiores; es Alguien que está en nosotros, que es la vida de nuestra alma, que es el huésped de nuestra almany actúa sin cesar en nosotros. Por tanto, debemos tomar la resolución de vivir con este Espíritu Santo, de encontrarnos con Él algunas veces, de encontrarnos con Él a menudo.
Cuando entramos en nosotros mismos, como sin duda sucede para nuestra oración o para sondear nuestros sentimientos y ver dónde estamos, lo que debemos buscar en primer lugar y casi únicamente, es este Espíritu Santo que está vivo en nosotros. Está ahí, el amigo, está ahí, el huésped; está ahí, el arquitecto de la Iglesia; está aquel que obra nuestra santificación. Está ahí, el que hace la Iglesia, esta gran obra a la que nos asocia.
Pidamos a este Espíritu Santo, si no revelarnos su presencia por un Pentecostés, por manifestaciones exteriores como en el día de Pentecostés, que se digne revelarnos su presencia, darnos, al menos, la fe en Él.
Pues como dice Nuestro Señor, el que tiene el Espíritu y el que cree en Él, ríos de vida brotarán de su seno, el Espíritu Santo se derrama en esa alma. Oleadas de vida y de luz descienden sobre las almas, por el Espíritu Santo, pero también por esa alma que ha abierto, por así decir, esas esclusas divinas por la fe en el Espíritu Santo.  
P. Marie-Eugène de l’E.J., Au souffle de l’Esprit


Si te interesa, puedes acceder a más información sobre el nuevo beato:

18 octubre 2016

Carta del P. Saverio Cannistrà con motivo de la Canonización de Isabel de la Trinidad

Isabel de la Trinidad  es un don precioso para nosotros y para la Iglesia en esta época marcada por la crisis de identidad, depresión, indiferencia, codicia desenfrenada, deformación de la naturaleza y manipulación humana. Ella testimonia de un modo valiente, bello y con convicción, el realismo de las verdades en que creemos y nos ayuda a comprender  que si no recuperamos la dimensión escatológica de nuestra fe, ésta pierde eficacia y se vuelve inútil, sin incentivo ni fuerza transformadora.
  (De la conclusión de la Carta. 
P. Saverio Cannistrà, prepósito General ocd)
Si quieres acceder al texto completo de la carta, pincha en el enlace: 

02 octubre 2016

16 de octubre: Canonización de Isabel de la Trinidad

Mujer fascinada por Dios, alcanzada por su belleza. Profeta ardiente del Dios cercano. Con el deseo vivo de vivir de la Fuente. Testigo de una fe viva, luminosa, alegre. Amando a todas horas. ¡Ayúdanos a orar!
Dinos lo que sabes de Dios. ¡Cuéntanos cómo es su AMOR! Dinos cómo hiciste para que la semilla de Dios creciera tanto en tu corazón. ¿Qué te enseñaron tus padres, Francisco Catez y María Rolland?
¿Por qué te apasionó tanto tu bautismo? ¿Y tu primera comunión? ¡Qué beso de amor te dio Jesús! ¿Y el Espíritu Santo? Se te hizo música en el corazón, y tú danzaste su danza de Amor.
Sensible a la familia… sensible a la amistad… sensible a la música… sensible a la belleza de la naturaleza… Fuiste, sobre todo, sensible al misterio de Dios en tu vida. Al mirar tus ojos, lo vemos a Él. 
Todo lo viviste con María, la mujer que conoció el don de Dios. Con ella te pusiste en camino hacia el Carmelo, hacia la soledad sonora, con ojos de enamorada, para ser sólo de Jesús y, en Él, ser de todos.
Entraste en el silencio para escuchar la voz de Jesús y dejarte mirar por su Amor. Con puño y letra escribiste tu compromiso: ¡Jesús, el Amor de mi vida! Siempre Jesús, en comunión con Él.
Aceptaste ser humanidad de Jesús para que se renovara en ti su misterio de Amor. “Cree que Él te ama”, “Cree en su Amor”, nos susurras al oído.
El gran hallazgo de tu vida: ¡la Trinidad! El tesoro de la Trinidad embelleció tu vida. Tu nuevo nombre: ¡Alabanza de Gloria! ¡Cómo cantaste la belleza de Dios! ¡Qué afán el tuyo por compartir, con todos, lo encontrado! ¡Qué interés por enseñarnos a hallar el cielo en la tierra!
Cuando te visitó la enfermedad, no se te oscureció el Amor. Tu gran lección para todos: Mirad al Amor. Dejaos amar por el Amor. Vividlo todo con Jesús.
Tus últimas palabras: Voy a la luz, al amor, a la Vida.  
¡Dichosa tú! La Iglesia te ha reconocido como mujer llamada a ayudar a muchos a vivir el misterio de la Trinidad que nos habita. ¡Qué cerca te sentimos, Isabel! ¡Cómo despiertas la belleza y dignidad de cada ser humano! ¡Eres nuestra amiga! ¡Gracias!
Isabel de la Trinidad, enséñanos a Orar.        
  (De la revista “Orar”)

30 septiembre 2016

Isabel de la Trinidad: Déjate amar


Isabel de la Trinidad, en lo más crudo de su enfermedad a los 26 años, pudo decirle a Dios: “Agota toda mi sustancia para tu gloria: que ella destile gota a gota para tu Iglesia”. Se unía así a la experiencia de S. Pablo: “Me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo…” (Col 1,24)
¿Qué es lo que hace posible esa alegría? ¿De dónde nace? Ella ha creído en el “demasiado grande amor” de Dios para con ella. Y sabe que no sólo ella es amada así, hasta ese punto. Sabe que cada uno somos amados con ese amor de predilección, sean cuales sean las condiciones en las que nos es dado vivir. Así lo expresa ella a su priora en su testamento espiritual, escrito poco antes de su muerte: 
 Déjate amar más que estos. Así quiere el Señor que lo alabes. Él se alegra de construir en ti, por su amor, y es Él solo quien quiere obrar aunque no hayas hecho nada para obtener esa gracia, sino lo que hace la criatura: pecados y miserias…  Él te ama así. Él lo hará todo en ti, y llegará hasta el final. Una persona amada hasta ese punto, de esta manera, amada con un amor inmutable y creador, con un amor libre que transforma como a Él le agrada ¡qué lejos llega!
La fidelidad que te pide el Maestro es la de permanecer en comunión con el Amor, de derramarte, de enraizarte en ese amor. No serás superficial si estás despierta en el amor.
Y en las horas en que no sientas más que el decaimiento o el cansancio, le agradarás más todavía, si eres fiel en creer  que Él obra aún, que te ama de todos modos, y más todavía: porque su amor es libre y es así como quiere mostrarse grande en ti. Y te dejarás amar más que estos. Esto significa vivir en lo profundo de tu corazón.
(Cf. Isabel de la Trinidad, “Déjate amar”)


16 de octubre CANONIZACIÓN DE ISABEL DE LA TRINIDAD

Si quieres escuchar su oración ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD, pincha AQUÍ
Si quieres conocer a Isabel de la Trinidad, puedes encontrar documentación AQUI

21 agosto 2016

Teresa de Lisieux en la mesa de los pecadores


Me imagino que he nacido en un país cubierto de espesa niebla, y que nunca he contemplado el rostro risueño de la naturaleza inundada de luz y transfigurada por el sol radiante. Es cierto que desde la niñez estoy oyendo hablar de esas maravillas. Sé que el país en el que vivo no es mi patria y que hay otro al que debo aspirar sin cesar. Esto no es una historia inventada por un habitante del triste país donde me encuentro, sino que es una verdadera realidad, porque el Rey de aquella patria del sol radiante ha venido a vivir 33 años en el país de las tinieblas.
Las tinieblas, ¡ay!, no supieron comprender que este Rey divino era la luz del mundo… Pero tu hija, Señor, ha comprendido tu divina luz y te pide perdón para sus hermanos. Acepta comer el pan del dolor todo el tiempo que tú quieras, y no quiere levantarse de esta mesa repleta de amargura, donde comen los pobres pecadores, hasta que llegue el día que Tú le tienes señalado… ¿Y no podrá decir en nombre de ellos, en nombre de sus hermanos: Ten compasión de nosotros, Señor, porque somos pecadores? ¡Haz, Señor, que volvamos justificados…! Que todos los que no viven iluminados por la antorcha luminosa de la fe la vean por fin brillar…
¡Oh, Jesús!, si es necesario que un alma que te ama purifique la mesa que ellos han manchado, yo acepto comer sola en ella el pan de la tribulación hasta que tengas a bien introducirme en tu reino luminoso… La única gracia que te pido es la de no ofenderte jamás…